¿La felicidad está en dar…de cualquier forma?

In Cosas Pequeñas, Familia, Virtudes by Marta Cuevas1 Comentario

“La felicidad está en dar, no en recibir”. Quizá hemos escuchado alguna vez esta frase paradójica con cierto recelo, buscando la trampa.Y, efectivamente, creo que hay una trampa; o más bien un matiz. Un pequeño matiz, de tan sólo tres palabras, que puede hacer que esta afirmación se cumpla o no. Las tres palabras mágicas son “de buena gana”.

Dar de buena gana. Porque cuando así lo hacemos es cuando realmente somos felices. Dar a regañadientes, quejándonos, calculando cuanto doy y cuanto dan los demás, pensando en lo que me van a dar si hago esto o aquello, amarga más que otra cosa. Nos amarga a nosotros y amarga al resto. Al que así actúa dan ganas de decirle: “para hacerlo de esa forma, mejor no lo hagas”.

Cuando damos, la consecuencia es la felicidad de los que nos rodean. Y esa felicidad de los nuestros es la que nos hace felices a nosotros. Además, se crea un círculo virtuoso en el que los demás empiezan también a darse.

Los detalles de la vida diaria que hacen sonreír a los que queremos son los que nos llenan de alegría: la cama hecha a tiempo, adelantarse a recoger la cocina, buscar planes que descansen al otro, levantarse cuando falta algo en la mesa, sonreír ante un contratiempo, dar las gracias…esas son las cosas que, día a día, hacen más agradable la vida a los que nos rodean.

Todas estas cosas implican algo más que simplemente dar; implican darse uno mismo. Darse significa gastar energías, poner corazón y cabeza para pensar siempre en el otro, olvidarse del propio cansancio. Es preguntarse: ¿En qué puedo facilitar la vida a los demás?, sin pensar en mí. Claramente esto cuesta; preferimos estar tumbados y que nos traigan una coca cola antes que recoger el salón o darle el biberón a la niña. Y llegaremos al final del día cansados. Cansados de no habernos preocupado por nosotros, pero felices. La recompensa al esfuerzo merece la pena, y, aunque sin buscarlo, estaremos siendo felices haciendo felices a los demás.

Probemos a aplicar estas tres palabras mágicas: de buena gana. Y siempre con una sonrisa. Seguro que, con ese matiz, la paradójica frase cobra todo su sentido y se hace realidad.

 

Comentarios

  1. Noelia

    Estoy de acuerdo en todo, pero añadiría una cosa más: preocuparnos por los demás pero sin descuidarnos a nosotros mismos. Es decir, no podemos dejar que nuestra dedicación hacia las personas que nos rodean nos perjudique en ningún sentido.

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